.Narración poética
ALBA METAPONTE
@magina592

BIOGRAFÍA
Alba Metaponte nació en Calabria, Italia, y estudió Derecho en la Universidad de Bolonia.
Su vínculo con la literatura latinoamericana comenzó a los dieciséis años, cuando recibió como regalo Odi elementari, de Pablo Neruda. Aquella lectura despertó un profundo interés por la poesía, las tradiciones y la cultura de América Latina, iniciando un camino de estudio, lectura y descubrimiento de autores fundamentales como Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, César Vallejo, Jaime Sabines y muchos otros.
Ha traducido al italiano la obra de destacados poetas latinoamericanos, entre ellos los chilenos Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Nicanor Parra, Óscar Hahn y Jaime Huenún; las argentinas Alejandra Pizarnik y Olga Orozco; la uruguaya Marosa Di Giorgio; la peruana Blanca Varela y la mexicana Rosario Castellanos, además de numerosos autores contemporáneos.
Ha vivido durante varios años en Chile, donde ha tenido la oportunidad de colaborar con reconocidos artistas y profundizar su vínculo con la creación y la cultura latinoamericanas.
___________________________________________________
EL ÚLTIMO VERANO DE UNA MARGARITA
A Mariella
Era de día cuando llegó tu noche. Tu cuarto tenía un telón de hierro, la luna crecía sin límites y enseguida se reducía, apagando lo que quedaba en tus ojos. Me dijeron que te cuidara, así que me escondí bajo tus blancas piernas de muerta. Estabas ahí callada con un clavel blanco en el bolsillo. Tu teatro cerraba para siempre y ya no tuviste más público, sólo la multitud de flores que llenaba tu ataúd. ¿Recuerdas cuánto te gustaban las flores? Recorríamos todos los jardines para contemplar los bulbos redondos de los jacintos, y tú le regalabas azúcar y dulces para hacerlos sonreír. Te llevabas la sangre para regar los campos de girasoles, brotaban embriones de las rosas de Damasco, y tú los comías dejando que los prados se asfixiaran. Ahora no me hablas, pero aún te gustaría contarme tus historias. Como cuando me llevaste al cementerio, para coversar con tu esposo de luna. Nunca lloraste delante de mí, diosa de mármol, venerabas las plantas y los animales, la media luna colgante de África, las sonrisas sagradas de los antílopes. No creías en nada que no fuera tu amor, hermana de la muerte. No olvides, me dijiste, de limpiar su lápida, sus ojos inmortales de granito, y bailabas con su alma en el desierto árabe. Nunca moriste sin él. Pero ahora te veo tan exánime, sola con tu vestido de lirio, sin raíces, sin tierra, silenciosa bajo los pilares del cielo. Esta noche caerá una lluvia de tulipanes para honrarte, de tus pies helados resucitarán mariposas y en los desiertos crecerán flores de arena. Los olivos alzarán sus cálices seculares a la sonrisa del cielo y brindarán por tu vida.
_ _ _ _
ME FUI
Una mañana me encaminé en silencio, siguiendo una débil voz en las huellas de la nieve. Volví muerta. Me veía tan definitiva en ese ataúd, tan nítida y transparente que podía perseguirme hasta mi infancia, colgada del columpio de agua de donde fui arrancada aún cubierta de sangre. ¿Cómo podía sentirse sola la muerte si mi vida la llenaba? Todo se había hecho como para morir un día cualquiera. El escenario fue impecable, muchos vinieron a visitarme para despedirse, me llenaron la cabeza de flores, colocaron una cruz sobre mi pecho y otra entre mis manos, me miraban como se observa a los santos o a los mártires, con la misma amarga ternura. Incluso llegó el trapecista, con su cara de águila, sus acrobacias y sus vuelos. Mi muerte no me decepcionó, todo se hizo según las reglas del juego, incluso mi cadáver fue indulgente, no olía a carroña y era más fascinante de lo que pensaba, con su rostro ardiente como el del demonio. Los actores seguían los cánones del texto, lloraban tan realmente que por un momento pensé que yo también iba a romper a llorar ante la farsa, pero ninguna lágrima brotó de mis ojos entrecerrados, las había gastado todas antes de encontrarme boca abajo comiendo tierra, la misma que me acogió tan amablemente abriendo sus brazos y susurrando: “Chica, este no es tu debut en el ultraterrenal, ya estabas muerta antes de saltar al vacío”.
_ _ _ _
LAS SONÁMBULAS
La niña de zapatos estrechos arrastraba campanitas para decorar su imagen de vendedora de sueños. Exultaban de alegría las ortigas aferradas a sus saltos de liebre y como sanguijuelas grababan sobre la piel blanca las formas del hambre y de la sed. Vendía sus espejismos a bajo precio, muñecas de papel con pelo real y golondrinas de azúcar. Compré las de ojos cerrados, las sonámbulas de largos cabellos trenzados con flor de sáuco. Parecían damas de honor, novias hambrientas, entumecidas por el brillo de los granos de azúcar. El sol se rendía en los párpados lánguidos del amanecer y el viento tendido sobre el río, saciaba su sed brindando por el cumpleaños de los sueños. Volví a casa sin despedirme de las estrellas, la última mariposa revoloteaba en el eco de su risa, obra póstuma de la noche bordada en las alas de un ángel. Me quedé dormida en los labios de un duende y la puerta se cerró con mi último bostezo. Algo sucedió esa noche, nunca supe qué fue ese torbellino furioso, el secreto fue entregado al vuelo de las cometas. Las muñecas se habían despertado, arrastraban sus cuerpos de papel desde el aparador hasta el suelo, como caracoles afrutados dejando la cocina cubierta de saliva y sirope de saúco. Se sentaban hambrientas alredador de la mesa y hablaban a mis sueños. «Dime niña, ¿quién es la señora vestida de flores que deambula en el desierto persiguiendo la ficción, la misma que vestida de miel sopla sobre el polen del sol y busca su camino en la astronomía de los pajaros?”.
Hemos visto a un hombre sin plumas en un circo con una máscara azteca, viste el verde de tus ojos, mastica tabaco y escupe sangre en su sombrero de mago liberando deliciosos cadáveres de aves. Mientras el horizonte se extendía en las venas del alba, las velas irradiaban la última gota de oscuridad. Yo vacilaba en el cuerpo del fuego, donde se reflejaban marionetas que bebían mi aliento a pequeños sorbos. Una chispa voló a mi cabeza, brillaba como el azúcar. Me desperté en un circo, mis cabellos habían crecido hasta los pies, y sobre mi larga melena galopaban caballos enloquecidos que se incendiaron como rastrojos sobre mi cuerpo de papel.
_ _ _ _
(Las narraciones poéticas de Alba Metaponte, que aquí publicamos, forman parte del libro I sogni non parlano se li svegli (Los sueños no hablan si los despiertas), editado por Edizioni Progetto Cultura en 2025, dentro de la colección Le Gemme, con un prólogo del poeta chileno Mario Meléndez.
La obra también ha sido publicada en portugués en la revista Acrobata, con traducción del poeta Floriano Martins. Asimismo, algunos de sus poemas han aparecido en las revistas Nazione Indiana (Italia) y Altazor Chile)
_________________________________________________
VANESSA MONTAÑÉS
@vanegrafias

BIOGRAFÍA
Vanessa Montañés (Valencia, España), es escritora y mediadora cultural. Su obra transita el thriller psicológico, la narrativa contemporánea y la prosa poética, explorando la memoria, los cuidados, el territorio y las emociones que atraviesan la vida cotidiana desde una mirada profundamente humana.
Ha recibido diversos reconocimientos en certámenes literarios nacionales e internacionales y desarrolla proyectos en los que la literatura dialoga con las artes visuales y la creación colectiva. Concibe la escritura como una forma de resistencia sensible y como un espacio donde la belleza puede surgir incluso de las fracturas más íntimas.
___________________________________________________
LAS CIUDADES QUE LLEVAMOS DENTRO
Hay ciudades que desaparecen de los mapas mucho antes de dejar de existir, porque continúan respirando obstinadamente bajo la piel de quienes las habitaron, convertidas en una arquitectura invisible hecha de voces, de olores, de ventanas encendidas al anochecer, de bancos donde alguien esperó demasiado tiempo y de calles que, aun siendo recorridas por miles de personas cada día, conservan intacta la huella diminuta de una conversación que parecía destinada a cambiar una vida y terminó cambiándola para siempre.
Comprendí demasiado tarde que nadie abandona realmente un lugar, porque somos nosotros quienes acabamos siendo habitados por aquello que creíamos haber dejado atrás; llevamos ciudades enteras escondidas entre las costuras de la memoria, barrios construidos con nombres que ya nadie pronuncia, plazas donde aún continúan jugando los niños que fuimos, cafeterías donde permanecen sentadas las personas que ya no están y estaciones desde las que parten trenes imposibles hacia versiones alternativas de nosotros mismos que tomaron decisiones diferentes.
Quizá escribir consista precisamente en regresar a esas ciudades interiores sin la pretensión de reconstruirlas exactamente como fueron, sino aceptando que el recuerdo posee una imaginación mucho más poderosa que la realidad y que toda memoria verdadera contiene inevitablemente una parte de invención, porque el corazón jamás archiva los acontecimientos con la precisión de un historiador, sino con la ternura imperfecta de quien únicamente desea salvar del olvido aquello que le enseñó a amar.
Por eso sigo escribiendo, porque cada página es una calle que vuelve a iluminarse, una puerta que permanece abierta para quien necesite refugiarse durante unos instantes del ruido del mundo, una conversación entre desconocidos separados por el tiempo y unidos únicamente por la certeza de que toda existencia merece ser narrada con la misma delicadeza con la que se sostiene entre las manos un objeto frágil cuya belleza consiste precisamente en haber sobrevivido a todas sus grietas.
VG
___________________________________________________
.Poesía
DAFNE MALVASI
@dafnemalvasi

BIOGRAFÍA
Dafne Malvasi (Italia, Nápoles, 1981) es poeta, ensayista y traductora, radicada en Santiago de Chile, donde enseña Lengua y cultura italiana en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Su obra entrelaza lenguas y prácticas de resistencias a través de la historia de mujeres, la memoria y la traducción literaria, restituyendo la voz a experiencias históricamente silenciadas.
Es autora de “Antes del alba” (Andesgraund Ediciones, 2024), en su tercera edición trilingüe (español, italiano y portugués). Sus textos han aparecido en diversas revistas y antologías de Hispanoamérica e Italia.
Ha recibido el Premio Internacional Trienal La Donna si racconta (Italia, 2021) y fue finalista, en 2025, de los certámenes Paralelo Cero (Ecuador) y José Santos Chocano (Perú). Su obra ha sido presentada en festivales y encuentros literarios en América Latina y Europa.
___________________________________________________
5 poemas de “Antes del alba”, Andesgraund Ediciones, 2024:
Busco un atisbo de felicidad
destello
que no sea herejía del dolor.
Cerco un barlume di felicità
lampo
che non sia eresia del dolore.
_ _ _ _
Bajo mis pies
encuentro muertos, vivos, fantasmas.
Un camino interminable
de verdades ilusorias.
Sotto i piedi
incontro morti, vivi, fantasmi.
Un cammino interminabile
di verità illusorie.
_ _ _ _
El silencio es la herida tácita
de cualquier abandono, hoja caída, mano perdida.
Miedo a la vida sin aliento, de puro tormento sin éxtasis.
Yo
sin sangre.
Queda un mudo lamento.
Il silenzio è la ferita non detta
di ogni abbandono, foglia caduta, mano perduta.
Paura di vita senza fiato, di puro tormento, senza estasi.
Io
senza sangue.
Resta un muto lamento.
_ _ _ _
No tengo memoria
solo heridas profundas
que sangran.
Non ho memoria
solo profonde ferite
che sanguinano.
_ _ _ _
Soy un pez
que reinventa el mar.
Roca donde la ola
permanece intacta.
Sono un pesce
che reinventa il mare.
Scoglio su cui l’onda
resta intatta.
___________________________________________________
FRAN IGNACIO MENDOZA
@fransilvania2025_oficial

BIOGRAFÍA
Fran Ignacio Mendoza (Extremadura, España, 1970) Autor extremeño afincado durante gran parte de su vida en Mallorca. Compagina su labor como Técnico de Enfermería con la escritura poética y narrativa. Influido por corrientes como el Surrealismo, el Animismo y el Concretismo, reconoce entre sus referentes a Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Fernando Pessoa y Roberto Bolaño, entre otros.
Ha publicado títulos como Terminal Babilonia, La eternidad efímera, Ritos pánicos, Final e inicio, Ensayo para una misión, Lo que no confesé a Nikola Tesla y Solo el tiempo perdido (2025).
Ha participado en recitales, antologías, ferias del libro y medios culturales de distintas ciudades de España. Mantiene actividad literaria en su blog y redes sociales.
___________________________________________________
ADAGIO
Preferí huir de la palabra
con tal de no volver a enloquecer.
Dudé del último deseo
para endurecerme
ante esta etapa de privación.
Sentí temblar la puerta
golpeada por la lluvia y el viento,
derrotando toda paz anterior.
Partí, sin estar muy seguro de nada,
porque nada como el amor enturbia
la cordura y su visión.
(Tiempo Adagio, en partitura antigua
de 54 negras por minuto.)
_ _ _ _
EL TIEMPO INTACTO
Sé que no espera el tiempo perdido,
que la vida se me ha ido
en un abrir y cerrar de ojos,
en una instantánea imprevista.
Sé que la luz sobrante
alumbra este tedio,
mientras siempre escucho
de una voz ausente, la misma oración.
Sé que habría dado más,
hecho más, sin duda,
una caricia más en la mañana,
un día antes del derrumbe
de todo el calendario.
Una brisa trae tu beso de otro tiempo,
que se posa en el alféizar
de nuestro mundo, entre la sombra
mecida por el resplandor del sol;
y siento como tus labios
se quedan prendidos en los míos.
Eternamente en mi deseo.
Sé que se olvidan las promesas,
que el cronómetro no se detiene
y, que agudiza este dolor mendigo
que no sé qué espera de este vacío.
Pero persiste y sigo esperando
frente al espejo y solo,
a que la parte invisible
se parta en pedazos de una vez,
y que ocupe la desmemoria
lo que fuera pasión, que ahora,
pertenece al tiempo perdido.
Intacto el tiempo sin ti.
___________________________________________________
ANTONIO GOROSITO
@ahimsa_refugio

BIOGRAFÍA
Antonio Gorosito (Treinta y Tres, Uruguay, 1971)
A los 19 años migré a Montevideo para cursar la Licenciatura en Bibliotecología. Tras graduarme, a los 26 años crucé la Cordillera de los Andes y me instalé en Chile, donde estudié y trabajé en diversos proyectos vinculados a las bibliotecas, la gestión cultural y los estudios culturales.
Durante esos años también desarrollé una actividad constante en la escritura, publicando artículos en la revista Biblios (Perú), colaboraciones en el semanario El Cimarrón de Treinta y Tres (Uruguay), y poemas y otros textos en la revista Simio Pato (Chile).
Hace algunos años decidí alejarme de ese mundo para construir y gestionar un proyecto comunitario: @ahimsa_refugio, en los bosques de Punta de Tralca, Región de Valparaíso, frente al océano Pacífico.
Actualmente vivo entre el mar y el bosque, dedicando mi vida a compartir la práctica del yoga y la meditación en movimiento, dictando clases y coordinando encuentros de autocuidado y sanación en contacto con la naturaleza.
___________________________________________________
SAVIA BLANDA
en otoño yo también soy silencio
semilla que respira bajo tierra
la savia blanda
tranquila
de un brote húmedo por nacer
siempre
una hoja desnuda al viento
un silbido empapado de río
_ _ _ _
SOBRE TU PECHO
El céfiro emancipa el firmamento,
las nubes se deslizan tras el monte
y aclara con tu estrella mi horizonte
restándole camino al sufrimiento.
Renueva tu virtud mi sentimiento
que deja el abismal río Aqueronte,
no hay caos que mi espíritu no afronte
si nutres con amor mi pensamiento.
Tornaste mi existir de oscuridades
por brasas del latido de la aurora
nacidas en la fragua de tu lecho.
No importa el transitar de las edades
-el dios atemporal nunca demora-
si logro descansar sobre tu pecho.
_ _ _ _
COMPAÑERA, MUJER, PUEBLO
Dónde nos agarrara la rabia
compañera
en qué trazo del cuerpo
en qué profundidad del tuétano
clavará su diente incisivo
de perra jauría
mordiendo el deseo
de una boca hambrienta
de justicia
a tajo abierto
hasta destripar la garra del corazón enemigo
dónde nos agarrará la rabia
compañera
_ _ _ _
RÁFAGAS DE MUERTE
En esa mirada ciega, en esas miradas grises que me cercan en sueños, desangrando y descolgando ojos en la calle.
Hay un ojo que me mira, sigiloso, agazapado, silencioso, manteniéndose completamente vigilado.
Reventado la bala, en infinitos disparos de guerra.
_ _ _ _
SÁBETE CORAZÓN
en la boca respirando, en las manos que puedan tocar, en los ojos que puedan humedecer
en el deseo animal, en lo que es
grito parido con hambre de nosotros, contra la muerte
sábete corazón, de nada sirve tu hueso seco
carcomido de miedo, en la piel que roe el silencio
y desangra la muerte
_ _ _ _
DE UN BROTE ENSANGRENTADO
dejaremos semillas preñadas de primavera
antes que el miedo cicatrice
en la herida
antes que la tierra nos tape
sin saber
en qué sueños deshilachados
sangramos silencios
de un grito de animal
herido a muerte
en la piel
dejaremos semillas preñadas de primavera
de un brote ensangrentadode amor
___________________________________________________
DANILO ALEJANDRO ARAVENA
@_dvaldes_

BIOGRAFÍA
Danilo Alejandro Aravena Valdés (Santiago de Chile, 1988), poeta chileno. Participó en los talleres Escuelas de la Poesía (2020) y Verso Bruto (2021). Su obra integra las antologías Región Quimérica (2021) y Chuñil (2025).
___________________________________________________
SOBRE TU PECHO
El céfiro emancipa el firmamento,
las nubes se deslizan tras el monte
y aclara con tu estrella mi horizonte
restándole camino al sufrimiento.
Renueva tu virtud mi sentimiento
que deja el abismal río Aqueronte,
no hay caos que mi espíritu no afronte
si nutres con amor mi pensamiento.
Tornaste mi existir de oscuridades
por brasas del latido de la aurora
nacidas en la fragua de tu lecho.
No importa el transitar de las edades
-el dios atemporal nunca demora-
si logro descansar sobre tu pecho.
___________________________________________________
SERGIO SOLOGUREN

BIOGRAFÍA
Sergio Sologuren (Gregorio de Laferrere, Argentina, 1980) es contador público y escritor.
Entre sus obras publicadas se encuentran El principito lunfa, de Antoine de Saint-Exupéry (2022), Sonetos lunfantiles (para grandes) (2023), Ecos de Lunfardía (2023), Mataburro de la posta parla canyengue (2024) y La Bíblia Arrabalera (2025).
Tiene además varias obras inéditas, entre ellas Chamuyos del 48, 20 Sonetos Guarros y un Bonus Track (en cuatro), La Divina Comedia Lunfarda de Dante Alighieri (Al Paraíso en bondi) y Los Patitos Rompieron Fila.
___________________________________________________

Después es un ahora prometido,
un ahora en despueses demorado,
ahora que en demora es postergado,
un después por demoras incumplido.
No-después es ahora requerido,
ahora es un después que está tardado,
ya mismo y sin demora que ha llegado;
atraso de demoras permitido.
Después de los despueses es ahora,
La demora que atrasa a los retrasos,
retraso del retraso en su demora.
Despueses del ahora son atrasos,
ahoras de demora y de deshora:
ahora de un después de atrasos rasos.
___________________________________________________
VIVIAN PAOLA DÍAZ GARAVITO
@vivian.garavata

BIOGRAFÍA
Vivian Paola Díaz Garavito (Guatemala, 1987)
Mi nombre es Vivian Paola Díaz Garavito, soy abogada guatemalteca. Combino mi ejercicio profesional con la exploración poética de las emociones, la nostalgia y los vínculos humanos. Mi escritura se caracteriza por una voz íntima y reflexiva.
___________________________________________________
BUSCO UN BESO
Busco un beso, pero no uno cualquiera.
Un beso como el tuyo: uno doloroso, con sabor a urgencia, con tinte de prohibido y con
miradas imposibles.
Un beso deprisa, porque el tiempo apremia y yo me muero.
Me muero de espera, de sentir tu lengua contra la mía, como una batalla de poderes, lucha intermitente en la que no hay un perdedor.
Me muero. Me muero por sentir mis labios entre tus dientes, como trampa peligrosa a la que
me entrego voluntariamente.
Y me asusto. Porque te pienso y no debería.
Por eso renuncio y busco otro beso…
con sabor a vos.
___________________________________________________
LUCIO SCIARRETTA
luciosciarretta.wordpress.com @lucio.sciarretta

BIOGRAFÍA
Lucio Sciarretta (Buenos Aires, Argentina, 1986), poeta, investigador y docente en literatura.
___________________________________________________
LA SOLUCIÓN DE ARIADNA
Ella mira a través del vidrio empañado, no es el frío,
es que respira ansiosa por su llegada.
Él no tardará en llegar y el encuentro es inminente;
navega los mares desde lejos, desde el cielo mira
y los autos navegan la calle de este mar revuelto
y ella es un faro, ella espera iluminando su llegada.
Es que ya pasaron los días, los años y Ariadna teje.
Es que ya sucedieron cosas, infinitas causas casuales,
y Ariadna teje.
Teje en el viento, une los átomos de este caos
inquieto.
Pero ella mira por la ventana, corre la cortina,
espía.
¿Dónde has dejado a tu héroe?
Comiendo el asfalto embarrado anda, allí anda,
pero viene, sin rumbo, viene.
___________________________________________________
CLAUDIA LUCERO
@cblasterion

BIOGRAFÍA
Claudia Beatriz Lucero nació el 6 de marzo de 1968 en Mercedes, provincia de Buenos Aires, Argentina.
Publicó: Un árbol nunca está solo, 2022; No puede haber un puma en mi mirada (fanzine), 2023; Eclipse continuo (fanzine), 2023.
Forma parte de las antologías Hilos, de 2023, y El lenguaje de los pájaros, de 2026 (en imprenta); todos los títulos publicados por Vuelo de Quimera.
Sus poemas han sido publicados en revistas literarias de Argentina e Iberoamérica.
___________________________________________________
Como si el lento latir de esta casa prescindiera de mí
devano
en silencio
el capullo ciego
de las horas
apenas
escucho mis pasos
los ruidos de la calle
amenazan con romperme
lejanos ahora
pronto
estarán a mi puerta
furiosos
aniquilando los últimos rezagos
de este sueño quieto
en que me muevo
(Poema perteneciente al libro: Un árbol nunca está solo», de la autora)
___________________________________________________
MARCELO FERNÁNDEZ
@marceloidris332025

BIOGRAFÍA
Marcelo Fernández (Treinta y Tres, Uruguay, 1970) Le gusta escribir y le apasiona la música.
___________________________________________________
SILENCIOS
De nada sirven los silencios marcados, las intenciones de olvido,
si llevas dentro la marca contigo.
La memoria corrige y no traiciona.
Es como palabras de madre.
Aunque duelen suelen solo ser verdades
El tiempo y la empatía con nosotros mismos son la cura del dolor.
De empoderarse y transformarnos en cerno de quebracho o lapacho, con cicatrices y varias capas de corazón coraza…
___________________________________________________
HUMAN DRÁGORA (Seudónimo)
@humandragoraok

BIOGRAFÍA
Human Drágora —seudónimo— (Santa Fe, Argentina, 1994) es escritor y poeta radicado en Portugal. Comenzó a escribir a los ocho años, desarrollando desde muy temprano un vínculo profundo con la poesía y la palabra.
Durante su adolescencia y juventud escribió canciones para distintas bandas, explorando la escritura desde la música y la oralidad. Más adelante incorporó una mirada social y analítica a su obra a partir de sus estudios en Sociología y de su formación independiente en poesía.
Desde hace cinco años trabaja de manera constante en sus libros, publicados de forma independiente y difundidos también a través de Amazon. Su obra aborda lo filosófico, lo emocional y lo psiquiátrico, con la noche, el amor y el pensamiento como ejes centrales.
___________________________________________________
LA POESÍA QUE CALLA
En el silencio de la madrugada
me desvelo todas las semanas
para invitar al insomnio
a mi solemne locura;
esa que es poeta,
que es pura
y que no se cura.
Altas llamaradas suben hasta el techo
y el humo no deja ver nada,
a veces un vino, a veces café,
todo en un solo cuarto donde caigo.
Mi psiquiátrico interior es el manicomio
al que me condeno por estar enfermo
y me resuelvo los dilemas mentales
con poemas que nunca me salen.
Hay dolor y sufrimiento, ay dolor!
Pero es posible la alegría, verás,
aún en este sistema y con esta sociedad,
es posible la felicidad…
Trato de vivir contento.
Los días se pasan muy rápido,
los meses, los años… Vuela el tiempo.
Ah, el tiempo! Me sigue o lo sigo?
El tiempo es dueño de la verdad.
La poesía calla cuando es necesario
pero ataca sin ruido con oración,
entender la poesía es sentir al extremo,
es sentir profundo, con fragor y fervor.
Pero, ojo, la poesía es palabra inmortal,
quién puede borrar lo que se ha dicho?
Ese es el poder divino y bendito
que un poema puede cargar.
LA POESÍA QUE HABLA
En acciones se muestran
las buenas cualidades del corazón.
Blasfeman a la libertad
quienes practican el mal.
El libre albedrío
hay que alimentarlo
con el fruto del espíritu.
Las flores de la bondad
son el brillo intenso de la oscuridad
y el latido de la vida.
Fe, esperanza y paz;
canciones para adorar,
sueños dispersos en el cerebro.
Noche vacía de soledad,
por qué hay una luz en mi cuarto
donde me encuentro mejor?
En la noche de la vigilia
donde guardo en los cajones
tesoros para viajar.
___________________________________________________
.Ensayo
LA ORIGINALIDAD EN EL ARTE

La originalidad en el arte implica riesgo, imaginación y carácter.
Por eso resulta tan evidente cuando una propuesta nace desde una visión propia y cuando simplemente toma forma a partir de una idea ajena ya instalada.
Toda creación puede inspirar nuevas experiencias, pero existe una diferencia profunda entre desarrollar una búsqueda personal y ocupar un territorio creativo abierto por otro.
Porque el arte también habla de integridad.
__ Berkel
___________________________________________________
LA SOLEDAD DEL CREADOR

El creador se aparta. Busca un espacio donde pensar sin interrupciones. Allí trabaja, con lo que tiene, con lo que recuerda recuerda, con aquello que todavía no sabe. Nadie lo espera. Nadie lo guía. Sólo sigue una idea que se impone con terquedad. A veces todo parece estancado. Otras, una sola línea basta para continuar. El trabajo no promete nada, o quizás lo promete todo. Cada obra terminada deja un resto de inquietud. Y esa inquietud es lo que lo hace empezar otra vez.
__Berker
___________________________________________________
PARA QUÉ NECESITAMOS ARTISTAS

Los artistas no están para adornar el mundo. Su tarea es otra: mantener viva la sensibilidad. Mientras la rutina nos vuelve autómatas, ellos interrumpen la cotidianidad. Nos hacen mirar con atención, detenernos, sentir. El arte no se justifica. Aparece y transforma. Una pintura, una frase o una melodía, pueden devolvernos algo que habíamos perdido. Algo que necesitábamos encontrar, algo que nunca antes conocimos. Gracias a los artistas lo cotidiano se vuelve inesperado. Nos recuerdan que la belleza no es un lujo, sino una manera de comprender la existencia. Sin arte -todo- tal vez, seguiría funcionando igual. Pero la vida tendría menos profundidad. Por eso los necesitamos. Porque nos devuelven lo sublime.
__Berkel
___________________________________________________
.Cuento
LUCAS BENIELLI
@lucasbenielli

BIOGRAFÍA
Lucas Benielli (Buenos Aires, Argentina, 1986) es escritor e historiador por la universidad de Buenos Aires.
El cuento que comparte, hace parte de su libro inédito: Problemas menores.
___________________________________________________
NO HAY EDIFICIOS
Subo al remís que me espera en la salida del aeropuerto.
El chofer me saluda en un inglés malo. Pienso que el mío es peor.
Menciono el destino y el chofer asiste frunciendo la boca. Acelera.
Miro por la ventanilla.
En el cielo se apagan las últimas brasas del día.
Me llama la atención que no hay edificios al costado de la ruta.
Sólo escombros. Baldíos cercados. Casas precarias.
Casas hundidas, como aplastadas por una mano gigante.
Chicos jugando al filo de la banquina.
Pero no hay edificios.
Se lo pregunto al chofer.
Because the war, contesta.
Veo que, mientras lo dice, separa los pulgares del volante.
El gesto parece indicar que está diciendo algo obvio.
Pero no sé si se refiere a una guerra en curso o a una que ya terminó.
De su país conozco muy poco.
Me gustaría informarme, pero mi celular no tiene datos.
Solo apunté que era conveniente traer repelente para mosquitos.
My brother died in the war, dice el chofer.
Me incomoda lo confesional de sus palabras.
No sé qué responderle.
Me quedo callado.
Veo una parte de su cara por el espejo retrovisor.
Los ojos redondos y duros, concentrados en la ruta.
Miro por la ventanilla.
El auto desciende y se mete en lo que pareciera ser la ciudad.
¿Estoy obligado a responder?
Tampoco hay edificios.
Entonces me animo.
Le pregunto si él se involucró de manera directa en la lucha.
La frase me sale confusa y el chofer no me entiende.
Hace silencio.
Después me interroga.
Quiere saber de qué país vengo.
Apenas lo reconoce.
Le menciono a Maradona, a Messi, al Papa Francisco.
Is there any war in your country?
Tiene la idea fija el chofer.
Le respondo yes, yes.
Le pregunto por qué luchan.
Me responde que luchan por el pueblo.
For the people, you know.
Después nos quedamos callados.
Semáforos intermitentes, estaciones de servicio.
Un avenida con bulevar y palmeras.
Bares con sillas de plástico en la vereda.
Gente montada en caballos que mueven carretas.
El neón de un cine, una película de Marvel.
De nuevo baldíos, casas peladas, ruinas.
Una avenida con pozos, mal iluminada.
El traqueteo me da somnolencia.
Cierro los ojos y me dejo llevar.
Entonces el auto se frena.
Una luz en la cara me arranca del sueño.
El chofer apaga el motor.
Quiero abrir la puerta de manera instintiva.
La puerta tiene una traba de seguridad.
Mierda.
Demoro algunos segundos en entender lo que pasa.
Levanto la cabeza. Habíamos llegado a destino.
Se destraba la puerta y salgo del auto.
El hotel parece antiguo. Cuento más de veinte pisos.
Aunque tal vez exagero. Pero es un edificio muy alto.
Podría preguntárselo al chofer.
Por qué sobrevivió este edificio.
Pienso en la habitación reservada a mi nombre.
El aire es húmedo, perfumado.
Se escucha el lejano runrún de las olas.
El chofer saca mi valija y la apoya en la vereda.
Sus ojos me buscan.
Le extiendo un billete.
Le dejo el cambio de propina.
You may resist.
Yes my friend yes.
___________________________________________________
MARCELO PERRONI
@profesor_perroni

BIOGRAFÍA
Mi nombre es Marcelo Perroni. Tengo 62 años. Soy licenciado en Historia. Fui docente universitario en Uruguay para la Universidad de la República entre 1991 y 2022.
En mi formación como historiador, transité con bastante profundidad por la filosofía y la literatura, como disciplinas totalmente complementarias con la Historia.
Además de mi trayectoria laboral como docente, trabajé varios años en el rubro librerías. En el año 2000 trabajé en Libros de la Arena, en 2002 en Antígona Libros, en 2003-2004 en Librería Puro Verso.
Entre los años 2005 y 2008 fui titular de la Librería y Cafetería Queselea-Libro Bar, interactuando siempre con mi profesión como docente, fundamentalmente a nivel universitario.
Actualmente estoy dedicado a dar clases particulares de materias de ciencias sociales y humanas.
___________________________________________________
DE PERROS Y OTROS CUENTOS
UNO
La vieja había salido a pasear al perro como todos los días. Lo llevaba atado con una larga correa, que más se parecía a una soga que a una correa para perros. La soga, no la vieja, era tan fuerte como para refrenar a un jabalí. El perro, no llegaba a levantarse veinte centímetros del suelo.
De costumbre, alcanzaba a recorrer cuatro o cinco manzanas de las inmediaciones de su casa.
Prestaba más atención a los vecinos que se cruzaba que al perro, intentando generar un diálogo, que rara vez se extendía más allá del clima, la basura de la ciudad o la noticia policial de último momento.
Aquella mañana caía una llovizna. La vieja caminaba contra las casas, buscando protegerse del agua con cuanto balcón encontraba a su paso.
Eran las ocho en punto de la mañana cuando un chaparrón se descolgó del cielo.
Alcanzó a refugiarse bajo el generoso balcón de una casa, que quedaba a pocos metros de la esquina.
Mantenía la soga enroscada en la muñeca de su mano derecha, mientras se acomodaba contra la pared para evitar la mojadura.
Sintió que la soga le estrangulaba la muñeca. Miró su mano y enseguida la soga, que estaba totalmente tirante y daba vuelta la esquina.
— Ay, este “Cachafaz”—dijo.
Gritó con fuerza el nombre del perro, dando un tirón de la soga al mismo tiempo. Enseguida la soga perdió toda tirantez y tomó forma de víbora muerta.
La vieja quedó esperando al perro. Lo volvió a llamar, pero no se escuchó nada. Sólo el ruido de la fuerte lluvia. La vieja caminó presurosa los quince pasos que la distanciaban de la esquina. Cuando llegó a dar la vuelta pudo ver el resto de la soga, cortada sobre su extremo. Pero ya no había ni collar, ni perro, ni nadie.
Al instante la vieja cayó muerta en la vereda mojada.
_ _
DOS
El hombre despertó en plena madrugada por los ladridos del perro. Poco a poco comenzó a escucharlos más fuerte. Tanteó en la mesa de luz para agarrar los cigarrillos y el encendedor.
Se incorporó lo más ligero que pudo, que terminó siendo lentamente. Caminó hasta el lugar de los ladridos, que no cesaban.
Cuando los sintió lo bastante gritó:
— ¿Qué pasa?
El perro se calló y comenzó a lamerle la mano.
— No pasa nada — escuchó de una voz de mujer joven.
El hombre, que vivía sólo, se mantuvo en silencio e inmóvil. Encendió un cigarrillo.
Una luz tenue se filtraba por la claraboya, permitiendo adivinar apenas los contornos de todo cuanto había en la sala. La mujer alcanzó a ver que el piso era de una baldosa ordinaria y sintió olor a humedad. Eso la sorprendió.
— Hacé lo que digo o te mato — dijo, y se escuchó amartillar un arma.
El hombre ni respondió, ni se movió.
El perro se quedó sentado a su lado, ahora expectante y en silencio.
— No te creas que soy una novata, viejo de mierda. Si no hacés ya mismo lo que te digo, te cago a balazos. Andá y tráeme toda la plata que tenés guardada.
La voz sonaba firme, las palabras convincentes.
El hombre se dio media vuelta sin hablar y comenzó a caminar hacia el dormitorio. El perro fue tras él.
A la mujer no le gustó nada aquella serenidad y comenzó a dudar de su cometido. Un compinche le había pasado el dato de aquella casa, como un objetivo fácil y redituable.
— El viejo vive solo, nadie lo visita. Todos los días va al banco que hay en la esquina con un maletín negro. Entra y sale a los quince minutos. Debe ser un cliente importante. La casa está impecable, pero no tiene alarma.
Cuando “el rengo” le pasó el dato dos días antes, ella estuvo a punto de preguntarle por qué no lo “encaraba” él, si la cosa era tan así.
No se animó a preguntarle. Habían realizado más de un atraco en forma conjunta. Pero lo habían dejado cuando, un año atrás, un imprevisto desbarató uno de sus planes. Hubo que correr y al rengo lo agarraron a los 50 metros del lugar. Los dos estuvieron presos por tres meses.
— Nunca más trabajo contigo rengo — le había dicho ella, cuando recuperaron la libertad.
Y ahora pensaba:
— No me dijiste que tenía un perrazo, rengo de mierda.
Ella sobrevivía con robos de poca monta desde hacía cinco años, en los cuales había entrado y salido de la cárcel con frecuencia. Nunca había herido a nadie, ni mucho menos matado. Ni siquiera a un perro.
Aquella madrugada de viernes, amenazaba llover y no se veía a nadie por las calles. Ella pensó que tenía mucho más para ganar que para perder, y decidió concretar el robo. Había entrado a la casa por la puerta del fondo, y al fondo de la casa trepando un muro de dos metros de alto.
Cuando el hombre caminó hacia el dormitorio, seguido por el perro, ella continuó amenazándole con el arma, caminando dos metros más atrás. Cuando los tres entraron al dormitorio estaba oscuro.
— Prendé la luz
— No uso luz
Sorprendida y furiosa por la respuesta, tocó la llave de la luz al lado de la puerta. Pero nada cambió. Sacó una linterna que llevaba en su mochila e iluminó toda la habitación: mobiliario escaso y añejo.
— Esto no me cierra – pensó.
Su irritación y desconcierto crecían en forma acelerada.
— Sea lo que sea, de acá no me voy con las manos vacías — sentenció para sí.
Él sacó del cajón de su mesa de luz unos pocos billetes y se los extendió a la mujer.
Ella le pegó una patada en la mano, sin dejar de apuntarle, y los billetes cayeron al suelo.
Antes de que terminara de decir otra vez “viejo de mierda”, el perro se abalanzó sobre ella.
La mujer cayó al suelo gritando de miedo primero y de dolor después. En menos de un minuto el perro le había clavado los dientes por todo el cuerpo.
El hombre escuchó el fuerte ruido que hizo el revólver al caer, los gruñidos, las mordidas y los gritos.
— Quieto — dijo
El perro obedeció.
Ahora sólo se escuchaba a la mujer llorando y gritando de dolor.
Se puso en pie con sus últimas fuerzas. Comenzó a caminar lo más rápido que puedo, hacia la puerta de calle. Antes de abrir la puerta, alcanzó a divisar un bastón blanco junto a un paraguas negro en el esquinero.
Cuando logró salir de la casa, apenas pudo dar unos pasos más y cayó en la vereda, apenas consciente. Sangraba y balbuceaba. Unos minutos antes había empezado a llover.
Consiguió ponerse boca arriba, buscando calmar el ardor de su cara con el agua del cielo. Una luz de mercurio iluminaba tenuemente la calle.
Por el rabillo del ojo vio la silueta de un hombre que se acercaba, tapado con un impermeable de pies a cabeza.
— Ayúdeme por favor — pudo decir.
El hombre se puso en cuclillas al lado de la mujer. Encendió un cigarrillo y la miró con desdén. Arrimó su boca al oído de la mujer.
— ¿No le pudiste robar a un ciego? Nunca más vas a despreciar a un lisiado; negra hija de puta.
_ _
TRES
Contó la plata de la caja una y otra vez. Cinco minutos antes, cuando se estaba yendo, su empleado y amigo, le dijo: “no va a haber más, aunque la cuentes cien veces.”
Dejó de contar y lo miró con desdén. “Sí, claro. Mañana llegá en hora” — se le ocurrió para vengar el sarcasmo.
Gabriel tenía razón, pero él no se podía resignar.
Luego cerró la caja con bronca. El cajón le mordió la última falange de un dedo y se le escapó una blasfemia. Una más de las tantas del último mes antes de la hora de cerrar.
El último cliente, que más parecía un auditor, llegó a escucharlo, pero no entendió.
Apenas giró la cabeza hacia la caja, a unos veinte metros de donde estaba, y continuó hojeando un libro.
La librería era grande. Se había jugado todo en aquel proyecto, en un afán de conjugar su amor por la literatura y un medio de vida.
— Acéptalo Santiago; perdiste – se dijo.
Miró hacia la vidriera y notó que estaba lloviendo.
Una sola imagen se apoderó de él. Se vio tomando una copa de vino y durmiéndose al arrullo de la fuerte lluvia.
— Voy a cerrar — dijo casi gritando
Ahora sí, el cliente escuchó claramente. Se quitó los lentes y comenzó a guardar los libros consultados en su lugar. Al terminar, tomó su maletín de cuero y fue lentamente desde el fondo de la librería hasta la caja que estaba al frente.
— ¿Cuánto vale la colección completa de Nietzsche con ilustraciones? — preguntó el cliente con un acento extranjero.
— ¿Acaso no tiene el precio en cada libro? ¿No sabe sumar? – quiso responderle
Santiago estaba tan cansado de las escasas ventas como de los regateos. Sobre todo, cuando provenían de personas que “olían” a dinero. Se preguntó una vez más, porque a la gente no se le pasaba por la cabeza regatear en una casa de comidas o en un comercio de celulares.
—¿Cuándo se había transformado en moneda corriente el regateo con la literatura? ¿A usted le parece que este lugar es una feria de libros de segunda mano?
Se sabía unos cuantos precios de libros de memoria, no necesariamente por ser los más vendidos. Pero en este caso, no se acordaba del precio de aquellos libros, ni tuvo fuerzas para ir hasta la estantería, y ni siquiera para fijarse en la computadora. Estaba agotado. Redondeó en 500 dólares, y se lo dijo con firmeza.
El cliente agarró su maletín y comenzó a buscar en su interior.
—No me hagas perder más el tiempo; intelectual del carajo. Hace más de una hora que estás leyendo párrafos y párrafos gratis; los precios están perfectamente marcados. Ahora me vas a preguntar que tarjetas de crédito acepto, cuando están todas las calcomanías en la vidriera.
El cliente comenzó a sacar de a uno, billetes de dólares de distinto valor, que más parecían servilletas usadas, y comenzó a colocarlos en el mostrador mientras iba sumando en voz alta.
El librero adivinó una artritis de larga data en la forma y la torpeza de los dedos. El triángulo que formaban ojos, lentes y nariz le recordaron a Bertolt Brecht, pero versión gordo y más viejo. La amplia frente transpirada brillaba bajo el foco colocado encima de la caja registradora.
— Cuatrocientos noventa y ocho, cuatrocientos noventa y nueve, quinientos. — dijo cinco minutos después y lo miró con una media sonrisa de satisfacción.
— Enseguida le traigo los libros — le dijo sin tocar siquiera un billete.
“Che Gabriel, ¿podés creer que seguí contando y contando, y al final dio resultado?” —comenzó de inmediato su mente a preparar el desquite para el día siguiente.
— No. Déjelos. Paso mañana a recogerlos. Hoy ya estoy muy cansado.
— Como usted quie…– no alcanzó a terminar la frase cuando el hombre cayó desplomado.
Santiago dio la vuelta al mostrador. Intentó hacerlo reaccionar, sacudiéndolo, gritando, con agua en la cara. Dudó un instante entre llamar a la policía o a una emergencia médica. Resolvió llamar a los dos.
Apagó todas las luces del local, menos la de la entrada. Dio vuelta el cartelito de abierto.
Encendió un cigarrillo y quedó esperando en la puerta. Tenso, angustiado, iracundo.
— Hay gente rara. Muy rara.
Llovía cada vez más fuerte.
___________________________________________________
FRAN IGNACIO MENDOZA
@fransilvania_oficial

BIOGRAFÍA
Fran Ignacio Mendoza (Extremadura, España, 1970) es escritor y autor extremeño, afincado durante buena parte de su vida en Mallorca. Su trayectoria profesional como Técnico de Enfermería transcurre en paralelo a su dedicación a la poesía y la narrativa.
Su escritura dialoga con distintas corrientes, entre ellas el Surrealismo, el Animismo y el Concretismo. En su universo literario reconoce la huella de autores como Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Fernando Pessoa y Roberto Bolaño, entre otros.
___________________________________________________
DESHABITADOS
Por fin, Julián y yo creemos localizar la región. Ha sido mucho tiempo invertido en consultar mapas, inquirir en libros de cartografía y descifrar inscripciones en testamentos apócrifos. Especulamos sobre conjeturas extraídas de guías para senderistas y estudiamos al detalle referencias confusas, localizaciones inexactas y acotaciones diversas que ensombrecían nuestro ánimo con símbolos factibles y a la vez opuestos. Optamos por atajos distintos y cruces que daban al mismo origen del trayecto; a la postre, todos resultaron falsos indicios. Realmente no tengo idea del tiempo transcurrido desde que nos perdimos —si es que éramos conscientes del hecho— hasta que iniciamos esta búsqueda. Al divisar un desolado paraje que desconocíamos, empezamos a creer de forma fehaciente en la probabilidad de estar, objetivamente, extraviados.
Ahora se nos presenta un resplandeciente desierto. Desvalidos y muertos de sed y hambre, buscamos al menos una exigua sombra donde reponer fuerzas. Julián observa algunas matas que indican que debe existir alguna corriente bajo el subsuelo. Hay que excavar la árida tierra y, si hay suerte, lograr que mane algo de agua. Pero nos rendimos… Hay que reposar y, si se puede, dormir algo. Nos aclimatamos pegando bien nuestros cuerpos al abrigo de un tronco pelado. Ha cesado el viento, pero nos cubre un manto de rocío que agradecemos porque al menos refresca nuestra piel.
Veo, como entre sueños, que estamos en medio de terrenos baldíos y lóbregos senderos que no conducen a lugar alguno. Detrás de nosotros nos sigue una manada de alimañas que, sin duda, esperan nuestro abatimiento. Despabilo a Julián y le insto a que nos pongamos de nuevo en marcha. Agradezco al cielo que las bestias solo fueran alucinaciones mías. Cuando suponemos que hemos avanzado y trato de verificarlo con la brújula, resulta increíble: apenas hemos hecho la tercera parte del recorrido estimado.
¿Días, semanas? No sé cuánto llevamos de viaje. Los pies han pasado de la fase de ampollas a la de heridas sangrantes, y después a costras que los rasguños de los matojos rompen, haciendo proliferar nuevas ampollas…
Anoche, tras un sinuoso vericueto, nos topamos de golpe con una casa enmarañada por la maleza. Nos acercamos y abrimos la puerta, que no está cerrada con llave. Todo está, aparentemente, como antes. ¿Cómo antes de qué?, me pregunto. Entramos a la primera habitación; la cama solo está cubierta por una colcha veraniega, fría y húmeda. Abrimos el armario y allí está toda la ropa de nuestros padres. ¿Se han marchado? ¿Han muerto? Huele a humedad y hay moho entre las baldosas.
La presencia de los padres es casi evidente, palpable, como si estuvieran observándonos desde alguna sala a oscuras. En la cocina hay platos en el fregadero, sumergidos en un agua que apesta y se mezcla con el olor a comida podrida. Por un momento los llamamos a voces, repitiendo frases que nos devuelve un eco agudo. Subimos al piso superior y recorremos las habitaciones: todas vacías e intactas, cubiertas solo por un manto de polvo espeso y terroso, como de ventisca.
En el último cuarto nos topamos con una sorpresa extrema. La mitad de la sala está inundada por una cuarta de agua sucia que continúa cayendo, gota a gota, por la ranura de las vigas. Sin bien la cama está limpia debido al desnivel del suelo, todo el charco se concentra detrás de los pies de la madera, como si estuviéramos frente a un lago interior. Achicamos con baldes desde la orilla menos profunda, pero resulta inútil: el agua vuelve a su nivel y de ahí no pasa.
Se va yendo la tarde y no hay electricidad. Después de rebuscar por los muebles, encontramos velas y un mechero. Las encendemos. Salimos al jardín, que está cuajado de malas hierbas y helechos que ocultan los naranjos y la palmera central. Cogemos algunas acelgas silvestres y puerros, y nos disponemos a cocinar algo en la chimenea. Eso sí, leña hay de sobra, y arroz, caducado pero sin bichos. Esto servirá para preparar algo mínimamente comestible.
Cenamos mientras nos preguntamos dónde estarán los padres y qué habrá pasado para que la casa se encuentre así, abandonada y casi anegada. Julián sube al piso de arriba para prepararse una cama. Le acompaño para ayudarle y porque el frío es aterrador; es como si la niebla entrase por debajo de las puertas y por las ranuras de las ventanas. De hecho, nuestra piel está helada.
En la habitación que ha escogido, de las que dan al ventanal exterior, hay un armario con un gran espejo a mano derecha. Hemos entrado casi a oscuras, con una palmatoria en la mano cada uno y cargados con sábanas y mantas para vestir el colchón. Cuando vamos a salir, observo que el reflejo de mi hermano en el espejo no es el suyo. Me turbo y, sin saber qué decir, me acerco y le susurro:
—Espera un momento… ¡Mira!
Me aproximo más al cristal y descubro que yo no soy yo: soy mi tío Justo, o eso parece. Y mi hermano Julián es mi padre, o el abuelo. No lo distingo bien ni llego a discernir este misterio. Quedamos petrificados ante la imagen. Mientras nos miramos en el espejo, cientos de recuerdos ajenos nos acuden a la mente como intrusos. ¿Quiénes somos? ¿Por qué no sabemos nada de lo que recordamos?
De pronto, en el piso de abajo se escucha un portazo y el sonido habitual de echar los cerrojos de la puerta principal. Nos asomamos a la escalera y advertimos desde arriba que hay una familia entera: un hombre de unos cuarenta años y una mujer muy bella de edad similar, cogida de las manos por dos niñas de entre diez y doce años, y un niño de unos siete que entra taciturno y visiblemente enfadado.
¿Qué hacemos? Julián trata de esconderse detrás de una cómoda, pero nos quedamos paralizados al reparar en algo: ellos me traspasan literalmente al pasar. No descubren a Julián, a quien veo perfectamente apostado desde donde estoy. Para ellos somos invisibles. Le hablo bajo, temiendo que nos puedan oír, y bajamos sigilosamente los peldaños intentando no hacer el mínimo ruido. El que suponemos que es el padre pasa justo delante de nosotros. Nos quedamos sin aliento. Nuestras candelas le rozan el brazo, pero no se quema. Nada. No somos nada.
Asustados, abrimos la puerta principal y salimos. El jardín de la entrada se nos muestra ahora hermoso, repleto de tiestos y plantas bien cuidadas, con farolas que adornan el camino hacia la verja. Al traspasarla, amanece de golpe y nos encontramos de nuevo entre dunas. Julián vuelve a ser Julián y yo soy Felipe.
Todavía no sabemos si llevamos días, semanas, años, décadas o siglos perdidos en esta inhóspita realidad.
O en un sueño del que no podemos despertar.
___________________________________________________
.Reseña
.Homenajes
HOMENAJE A MARÍA BELÉN AGUIRRE

Revista LiterArt reconoce en María Belén Aguirre una voz singular dentro de la literatura contemporánea. A través de su obra, ha construido un universo propio que enriquece el panorama literario actual. Este reconocimiento expresa nuestra admiración por su escritura y nuestro deseo de acercarla a nuevos lectores.

BIOGRAFÍA
María Belén Aguirre (Tucumán, 1977)
Escritora, editora, guionista.
Estudió cine en la Escuela Universitaria de Cine, video y televisión (Universidad Nacional de Tucumán).
Su obra completa consta de más treinta títulos.
Junto al poeta Andrés Kischner dirige la Poemateca del Cine ABC.
Ha reconstruido los guiones cinematográficos de Enrique Santos Discépolo.
En 2013 brindó la Charla TEDx, una conferencia titulada “La literatura como fenómeno social”.
En 2020 obtuvo el Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes, por su obra Siamesas, publicada en Argentina y España entre 2021 y 2023.
Su obra integra el acervo cultural de la Biblioteca Nacional Argentina Mariano Moreno desde 2012.
En 2022 fue nombrada “Huésped de Honor”
Sus poemas han sido traducidos al portugués, francés, alemán, italiano, inglés, ruso, catalán, alemán y croata.
Actualmente coordina el Laboratorio literario (destinado a la exploración de las literaturas experimentales) y la Clínica literaria.

Desde LiterArt celebramos no solo la fuerza de su escritura, sino también la constancia y la sensibilidad de una autora que ha hecho de la literatura un territorio de exploración y creación incesante.
___________________________________________________
HOMENAJE A SAÚL PÉREZ GADEA

Saúl Pérez Gadea: poeta, escritor y docente. Nacido en Treinta y Tres, Uruguay. 1929.
Su nombre merece ser redescubierto en el ámbito local, donde gozó de reconocido prestigio en círculos literarios y mantuvo vínculos con figuras como Juan Carlos Onetti, Washington Benavidez, Pablo Neruda y Liber Falco.
Su obra evidencia atención y una relación exigente con el lenguaje, donde cada elección responde a un criterio y a una búsqueda de claridad.
Y su manera de decir construye una voz original y firme, capaz de transmitir sentido con nitidez , sin recurrir a ornamentos superfluos.
Treinta y Tres, Uruguay 1929
Montevideo, Uruguay 1969
(Imagen representativa)